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Lo mejor de mi año

”Si pudieras guardar algo de este año en estos tarritos, ¿qué sería?”


Os presento nuestra propuesta de “fin de año” que nos invita a hacer balance, apreciar los detalles del día a día, y recordar los momentos y las vivencias que nos han acompañado durante el año. 


Rescato algunas ideas compartidas por mis estudiantes: ir a la playa con mi tía y mi primo pequeño; la visita de mis familiares que están lejos; ir al cine con mi padre; celebrar mi cumpleaños; venir al cole. 

Me encanta ver el mundo desde sus ojitos. 


¿Vosotras y vosotros qué guardaríais?






(Pincha en la imagen si quieres descargarla)






Dinámica: No me imagino mi vida sin...

Hoy hemos empezado el segundo trimestre, no ha podido ser de mejor manera, por lo menos para mí, como maestra.
Ha sido un día intenso pero estoy llena de sentimientos y no quería dejar pasar la oportunidad de escribir. Vengo del cole muy feliz, no he perdido la capacidad de sorprenderme; y, es que cuando escuchas, con atención, paciencia y dulzura, te regalan grandes momentos.

Hemos llevado a cabo una dinámica que tenía ganas desde hace tiempo pero no había encontrado el espacio y creo que, simplemente, era hoy. Esta dinámica, sencilla, llamada "no me imagino mi vida sin..." nos invita a reflexionar y valorar todo lo bonito que nos rodea. Esta propuesta la vi el curso pasado en las redes a Andrea Piñero (@entreipadsycuadernos - Instagram) y me encantó.

Consiste en escribir aquello que es verdaderamente imprescindible en nuestro día a día. Es una actividad personal, por lo que las reflexiones son privadas y solo compartidas si se estima conveniente. Tener nuestra privacidad es algo positivo puesto que le damos importancia y valoramos los sentimientos, algo "muy nuestro", que no debemos forzar a exteriorizar. Además, es fundamental que exista un clima de confianza y seguridad en el aula que nos permita expresarnos con ganas.



Algunas aportaciones de las que hemos disfrutado (y otras tantas que me guardo de esa conexión maestra-estudiantes):
- "No podría vivir sin mi abuela porque me apoya y siempre está conmigo".
- "Mis libros porque me dan conocimientos".
- "Mi familia, es mi mayor tesoro".
- "Mi madre porque es quien me cuida y me ama".
- "Mis gatos porque lo son todo para mí".
- "Sin las emociones porque sería una vida sin color".
- "Mis perras, solo les falta  hablar".

Simplemente, tengo el corazón muy lleno. 

El bote de la felicidad

Esta entrada quiero dedicársela a mis niñas y mis niños que comienzan una nueva etapa educativa en el instituto.

Llevan días con expectación y pellizquito en el estómago a partes iguales, emociones que comparto. Aunque pueda sonar pretencioso, me siento parte de su camino y solo les puedo desear que sigan disfrutando, compartiendo y aprendiendo como saben hacerlo. Comienzan un nuevo capítulo en sus vidas que espero que escriban de buenos momentos.
Un día como hoy, abro nuestro “bote de la felicidad” para recordar aquellos momentos especiales, dándome cuenta de que no hacía falta nada extraordinario para pintar sonrisas en nuestras caras.

El "bote de la felicidad" lo comenzamos en septiembre y lo abrimos al final del curso para rememorar aquello que nos dejó huella. Cerrar el curso con esta propuesta nos permitió ver las cosas buenas que nos habían pasado y todo lo que habíamos crecido. Los pequeños detalles como un abrazo de una compañera, un partido de mate, una dinámica... nos hacían especiales los días. Como dice la canción, "son cositas tan pequeñas pero a nosotras y nosotros nos sabían grandes". 

El "bote o frasco de la felicidad" (Elsa Punset) no es más que un tarro que vamos llenando con mensajitos positivos, anónimos o no, pero sí voluntarios. Escribir en positivo nos ayuda a focalizar en aquellas cosas buenas que nos suceden y a percibir que simples gestos nos hacen felices. 
En el bote guardamos los momentos maravillosos. Ahora os toca seguir disfrutando de todos los nuevos que os quedan por venir. Abrid los ojos y el corazón, os esperan multitud de ellos.

Este curso, con mi nueva tutoría, volvemos con nuestro bote... ¡en junio descubriremos todos sus secretos!





Libro: Te quiero, niña bonita

Me enamoré de este cuento en mi segundo año de carrera de magisterio mientras estudiaba en la biblioteca de mi localidad. En uno de esos momentos de "desconectar", me puse a ojear los distintos libros que conformaban la sección de literatura infantil - juvenil y, con solo verlo, supe que me haría con un ejemplar. Lo mejor, me lo regalaron.

Ya el título enternece: "Te quiero, niña bonita".  
Su escritora,  Rose Lewis (ed. Serres, 2005), nos adentra dulce y delicadamente, desde su vivencia personal, en el mundo de la adopción. Sus palabras calan el alma: 

"Parecías una muñeca blanda y suave, de mejillas
sonrosadas. Cuando me miraste con esos grandes ojos
marrones, comprendí que estábamos hechas la una 
para la otra."


Esta historia, junto por el placer de leerla, es un excelente recurso para poder tratar el tema de la adopción en casa. 
Es una conversación delicada y privada de cada familia, quienes -mejor que nadie- sabrán si es necesario y el momento adecuado para hacerlo. La curiosidad de tu peque puede ser una pista; pero, sobre todo, considero que las y los peques miran el mundo de una forma muy limpia y bella, y somos las personas adultas quienes "hacemos complejo" algo natural. 

Espero que este cuento os atrape tanto como a mí. 
Como dato curioso, al final del mismo aparece el símbolo chino de AMOR, que se escribe con un ideograma que tiene un corazón en el centro. 
Si alguna vez me hago un tatuaje... será ese. 

Educación SocioEmocional (Emociones)

Las emociones determinan nuestro comportamiento; no las vemos, pero sí son nuestra respuesta automática tanto a estímulos externos como internos.
Tratar las emociones diariamente en el aula, espacio privilegiado, nos permite aprender a ser conscientes de ellas (es necesario reconocerlas y nombrarlas) y aprender a gestionarlas (tanto las emociones consideradas agradables como desagradables -categorías propuesta por Roberto Aguado).
Como defiende Mar Romera: "la imaginación y la emoción siempre gana a la razón", de ahí su importancia.

Este post está dedicado a compartir mi experiencia con recursos de EduCaixa para trabajar la Educación SocioEmocional.
Es el tercer curso que los utilizo y con cada grupo funciona de forma diferente. Ahí reside su encanto.

El Kit está compuesto por tres bloques: Identidad, Convivencia y Responsabilidad. Son independientes entre sí pero al mismo tiempo están conectados, cuyo principal propósito es potenciar el desarrollo de las competencias emocionales.

      - Identidad: promover y mejorar la idea que nuestro alumnado tiene sobre sí mismas/sí mismos, y fomentar una sana autoestima.
Esta caja posibilita el analizarnos y valorarnos, reflexionando sobre nuestras fortalezas y nuestros posibles puntos a mejorar. Es esencial construir un autoconcepto sano y positivo para sentirnos bien y felices. Sobre todo, con ella compartimos buenos momentos de crecimiento personal y grupal.

    - Convivencia: principalmente fomentar valores como la empatía y la solidaridad para conocer mejor a las personas. Esta caja nos permite reflexionar sobre nuestra actuación ante distintas situaciones en pro de desarrollar técnicas de resolución pacífica de conflictos, habilidades de cooperación y asertividad para convivir en este mundo. Crecemos como personas, crecemos como comunidad.

    - Responsabilidad: ayudar al alumnado a que busque tomar decisiones desde la reflexión y la calma, de forma responsable con los valores solidarios y éticos. Esta caja tiene como elemento común a la anterior la búsqueda de técnicas de resolución pacífica de conflictos. Algo necesario para convivir de forma positiva no solo en nuestra aula, también en nuestro entorno.


Kit de Identidad. Mi clase 3A. 2016/2017





Dinámica: Nos valoramos

En clase hemos leído el cuento “Monstruo Rosa” de Olga de Dios (2016).
Es una historia que considero más adecuada para primer ciclo de primaria, pero nos vino genial para tratar en clase el autoconcepto y la riqueza de la diversidad.
“Monstruo Rosa”: Un simpático y grandote monstruo rosa no "encaja" (por muchos esfuerzos que hace) en el mundo blanco en el que vive, donde todos son exactamente iguales. Así que decide averiguar qué más le ofrece el mundo. En su aventura, encuentra un lugar maravilloso lleno de bichos y monstruos de todos los colores, tamaños, formas... en el que se siente feliz.
Y feliz nos quedamos cuando leímos esta historia.
Nos condujo a un momento de reflexión para valorar a nuestras/nuestros compis y auto-valorarnos; llevándonos a una dinámica muy positiva que nos ayuda a crecer. Una dinámica que busca "mostrarnos" todas las cosas buenas que tenemos, que puede que ni las veamos, y nos aleja de los pensamientos negativos que nos van empequeñeciendo.

La dinámica que trabajamos fue la siguiente:
Un papel en blanco, sólo con nuestro nombre, pasa por cada participante para que nos escriba algo bueno de nosotras/nosotros. Cuando el papel nos llega, leemos los diferentes comentarios positivos y nuestra cara se ilumina.
Se escribieron cosas tan bonitas como:

-      “Lo que me gusta de ti es que eres una persona cariñosa”.
-      “Eres una persona bonita de corazón”.
-      “Siempre ayudas a los y las demás”.

Ver el amor y respeto que tus compis te tienen es imprescindible para fomentar la cohesión de grupo, la solidaridad, la empatía, el respeto y el compañerismo.

Saber cosas bonitas sobre ti misma o sobre ti mismo, no solo nos da felicidad, si no que nos ayuda a que nos queramos, confiemos en nosotras mismas y nosotros mismos y en nuestro potencial. Esto no significa que nuestro autoconcepto se deba construir basándonos en opiniones externas; no, eso no sería sano.
Esto se mueve en la idea de enriquecer nuestra visión de nosotras mismas y nosotros mismos con comentarios que valoren nuestro comportamiento, no a nosotras/nosotros.  







Feliz Primavera


En clase, desde comienzo de curso, leemos poesía simplemente por placer, porque deja volar nuestra imaginación, porque nos despierta una sonrisa y nos endulza las mañanas. La belleza de la poesía es algo inexplicable y  se acentúa cuando mis peques le ponen voz.

La poesía es un recurso muy potente para estimular nuestro desarrollo emocional, intelectual y comunicativo. Leer y escuchar poesía tiene innumerables ventajas: nos contagia el ritmo, nos llena de palabras bonitas, nos acerca a conceptos o ideas “más abstractas”, fomenta nuestra creatividad e imaginación…

En clase, dibujamos lo que el poema nos despierte. Cuando estamos trabajando poesía, se respira un ambiente muy especial.

Hoy, en el Día Mundial de la Poesía, queremos compartir con vosotras y vosotros unos alegres versos para desearos una ¡muy feliz primavera!

Gracias a Saúl, Ángela, Andrea y Yeray.


Y… ¿cuál es tu poema favorito?




El tren de las emociones

Este post versa sobre una actividad que llevamos a cabo el curso pasado en clase para trabajar elementos tan importantes como la cohesión de grupo y la resolución pacífica de conflictos. Se llama “El tren de las emociones”.

Mi compañera Paqui tuvo la iniciativa de traerlo al aula. Es una ventaja poder rodearse de compañeras y compañeros que les apasiona e ilusiona su profesión. Y es que el trabajo cooperativo entre docentes es algo vital que nos hace grandes y nos convierte en ejemplo vivo en el aula. A las criaturas les bombardeamos cada día con ideas como “tenéis que jugar juntas”, “aquí hay que llevarse bien”, “es importante compartir”… Pero luego, las y los docentes cerramos “nuestras aulas” y esas palabras que se las aplique otra u otro.

“El tren de las emociones” (visto en la web de Orientación Andújar) es un recurso muy bueno para poder identificar, ante una situación de conflicto tanto personal como colectiva, qué nos pasa, cómo nos sentimos y qué pasaría si hubiésemos actuado de otra forma.

Disfrutar de una convivencia positiva en las aulas es una necesidad. Es algo imprescindible para acudir y estar felices en el colegio, crecer a nivel personal y social, respetarnos y comprendernos, aprender con y de nuestras compañeras y compañeros -puesto que el aprendizaje es algo social (Vygotsky)-, en definitiva, para ser mejores personas.

Desde la escuela debemos trabajar fomentando la cultura de paz, donde la violencia no sea una opción y deje de ocupar titulares que rompen el alma. Pequeñas y continuas iniciativas siembran un crecimiento bonito en nuestros corazones y nos dan herramientas para saber actuar con la “cabeza” y no con las “manos”.

Nuestro tren nos acompañó todo el curso. Elegimos un espacio visible y accesible para poder acudir a él cuando lo necesitáramos. Cuando nos sentíamos mal o surgía algún conflicto buscábamos reflexionar sobre la situación dando palabras a nuestras emociones siguiendo unos sencillos pasos:

1. Qué ha pasado.
2. Qué pienso.
3. Qué siento.
4. Qué hice/qué cambiaría.
5. El resultado.

Éramos un tercero, por lo que la escritura fue nuestra aliada. Nos permitía reflexionar con más calma las ideas que cada vagón del tren nos planteaba. Nos posibilitaba ser más conscientes de la situación, pensar con “más claridad” y buscar las palabras adecuadas para expresarnos.

Es una actividad personal, por lo que las reflexiones eran privadas (o entre las personas protagonista de la situación) y eso lo respetábamos. Igualmente, éramos libres de poder compartirlas si se creía conveniente. Si la situación conflictiva requería algún tipo de acuerdo, las personas implicadas lo firmaban para no romper su compromiso.
El tener nuestra privacidad es algo positivo puesto que le damos importancia y valoramos los sentimientos, solo si creíamos que era bueno compartirlo, lo hacíamos. Los sentimientos son algo privado que no debemos forzar.



Proyecto Emocionario: Tratando las emociones en nuestra aula

El curso pasado tuve la grandísima suerte de rodearme de maravillosas profesionales de la Educación, de esas que sólo con verlas ya sabes que son unas fenómenas en todo lo que se proponen. Hicimos un “pack” muy bueno, cada una de diferente especialidad (algo tremendamente enriquecedor) pero todas con un objetivo común muy claro: disfrutar en la escuela.

Este sentimiento de disfrute y de querer vivir la escuela como un lugar cálido, tierno, apacible… nos invitó a mover dentro de nuestras aulas distintas estrategias o recursos que fueron calando muy bonito en nuestro sentir.  Uno de ellos, y que he vuelto a aplicar este curso con mis criaturas, es conocer nuestras emociones.

Hay infinidad de publicaciones que versan sobre aprendizaje y emoción, que sostienen –en líneas generales- que un elemento esencial en el aprendizaje es la emoción. Y, ¿qué puede haber más bello que emocionarse dentro de la escuela? Pues, fuimos a por ello.

En mi caso, el punto de partida fue conocer “el nombre” de nuestras emociones. Considero que es muy importante identificar qué sentimos, con qué intensidad lo sentimos, cuándo lo sentimos y el motivo que lo ha provocado para poder gestionar las emociones de forma positiva. Así, nos hicimos con el libro “El emocionario (recomendación de mis compañeras), de Cristina Núñez Pereira, editorial Palabras Aladas (2013). Es uno de mis libros favoritos para el aula.

No podemos reducir nuestro vocabulario a “estoy contenta” o “estoy enfadada”, necesitamos ir más allá y conocer todos los matices de lo que se mueve en “nuestras tripas”. A eso hay que ponerle nombre, ya que el lenguaje es una herramienta esencial en la regulación de nuestra conducta y de nuestro pensamiento (Vygotsky). Ese autoconocimiento, nos aportará herramientas para autogestionarnos y crecer como personas.

Con el “emocionario” de base, y otras aportaciones, creamos nuestro cuaderno de escritura creativa. El escribir, nos ayudaba a expresarnos mejor y a reflexionar sobre nuestras ideas. Eso sí, todo comenzaba con nuestras habituales conversaciones, donde nos expresábamos libremente y compartíamos con las compañeras y los compañeros aquellos que sentíamos.
Aquí comparto una de las muchas reflexiones  de una de mis pequeñas de 8 añitos,  que construyó tras tratar, en este caso, “la ternura”.


Esta imagen habla por sí sola. Gracias a todas mis criaturas por emocionarse en el aula y contagiar cada día esa vitalidad.

Libro: Los 7 hábitos de los niños felices


Uno de mis placeres de la vida es leer, sobre todo, libros infantiles. Me encanta sumergirme en esos libros de ilustraciones que tienen vida, alegría, color... con textos llenos de palabras, muy bien escogidas, dulces y reflexivas, que alimentan el alma.

Hay títulos magníficos, atemporales, curiosos, especiales… que sólo con leerlos sabes que te los vas a llevar a casa.

Esto me sucedió con un cuento llamado “Te quiero, niña bonita”, (versión original, “I love you like crazy cakes”) de la autora estadounidense Rose Lewis e ilustrado por Jane Dyer, editorial SERRES. Creo que fue uno de los primeros, que de adulta, pasaron a construir mi biblioteca personal. De ese cuento, hablaré en otro momento, en un día especial que hace mención a su nombre. ¡Os dejo con el suspense!

En esta ocasión me centro en un libro que este verano, organizando mi cabeza para el nuevo curso, releí. Es un libro cortito y maravilloso, recomendación de una grandísima maestra, Cristina, titulado "Los 7 hábitos de los niños felices" (“The 7 habits of happy kids”), de Sean Covey e ilustrado por Stacy Curtis, editorial BLUME.

En mi modo de entender la educación, cada vez está más arraigada la idea de la importancia de las emociones y el crecimiento personal dentro del aula. Las criaturas pasan cinco días a la semana, y como mínimo, cinco horas en las escuelas cada día, durante muchos meses, por lo que creo que podemos enriquecer y aprovechar ese tiempo tan valioso, su tiempo valioso, en contribuir, de la mejor manera posible, en su crecimiento emocional, social y personal. Y este libro, me parece una herramienta muy útil para ello. Está dirigido tanto a las familias como al profesorado, y nos ofrece unas notas o guías para su lectura con las criaturas.

Este autor, a través de siete entrañables animalitos que viven en la comunidad el Roble, nos hace reflexionar sobre principios básicos de respeto, de responsabilidad, de trabajo cooperativo o en equipo, honestidad…, principios que bien define como universales y obvios, pero que son necesarios en nuestra sociedad actual más que nunca.

Gracias a estos siete bichitos del bosque, podemos trabajar con el alumnado siete situaciones comunes en su (y nuestro) día a día, que les invita a pensar y les proporciona herramientas para que puedan resolver, con energía positiva y sin frustración, situaciones problemáticas en sus vidas, desarrollando así un mejor autoconocimiento, autoconcepto y confianza en su potencial, y ofreciéndoles la seguridad de que pueden resolver sus cuestiones.

El curso pasado, se lo recomendé a las familias con las que tuve el enorme placer de trabajar, que confiaron en mí cada día y de las que tengo un recuerdo muy bonito. Este curso, estoy deseando sugerirselo a las nuevas familias y trabajar, al mismo tiempo, con él dentro del aula. Espero despertar mucho interés, sobre todo, en mi alumnado, y crecer juntos este curso.